Putas y Literatura

 Putas y Literatura

capullo

La actualidad siempre, o casi siempre me lleva a la Literatura, tengo una facilidad pasmosa para articular cualquier pensamiento en torno a algo leído, a veces por de más, es como si no pudiera tener opinión propia, o más bien necesitase construir mi pensamiento sobre lo que otros han dicho o pensado. En el fondo es que creo que cuanto más lees y escuchas, menos sabes, porque sabes todo lo que no has leído y escuchado, y es más fácil cimentar cualquier idea sobre las ideas de otros aunque tan solo sea para mostrar tu desacuerdo o desavenencia, de hecho ¿no es lo que hacemos todos? La idea de copia o plagio hace tiempo que dejó de ser tan nítida como creíamos. Somos nosotros y todo lo que nos rodea, lo que hacemos, miramos, leemos, escuchamos, sentimos, decimos, compartimos, robamos, pedimos o tomamos prestado.

Hace tiempo que las putas me acompañan literariamente hablando, tanto que hasta me he atrevido a escribir algún texto que evidencia una realidad: las putas existen, son, están, parecen y el mundo no está dispuesto a prescindir de ellas.

Dijeron los Dadaístas: “el burdel es el lugar donde uno se encuentra más en casa” (Francis PICABIA concretamente).

Tolstói en Sonata a Kreutzer describe la primera vez que Pózdnyshev, el personaje de su novela, acude a un burdel:

“Pero un día, un compañero de mi hermano que nos enseñó a beber y a jugar a las cartas –un estudiante, un tipo alegre, lo que se llama un buen chaval, es decir, el mayor de los bellacos– nos convenció, después de una borrachera, para ir allí. Y fuimos. También mi hermano era inocente y también aquella noche sucumbió. Como yo, un chico de quince años, me mancillé a mí mismo y contribuí a que se mancillara una mujer, sin comprender en absoluto lo que hacía”.

“Porque a ningún mayor le oí decir que lo que hacía estaba mal hecho. Tampoco ahora nadie lo diría…”

Es curioso esta novela data de 1889 y nada ha cambiado.

Pero a la vez hay que castigar y señalar a las prostitutas, al menos socialmente, como hace Zola en su novela Nana (1880) con ese magnífico final (permítanme añadir, ingenuo final) en el que la protagonista enferma y su cuerpo se corrompe tanto o más que su alma. Zola una vez más lleva el determinismo hasta su última consecuencia, porque aunque durante un breve instante hayamos podido pensar lo contrario, en el Universo de Zola, nada puede hacer cambiar a una puta, hija de un alcohólico, lo curioso es que quien la corrompe sale indemne.

Últimamente he leído algunos artículos de prensa que dejaban mucho que desear desde el punto de vista periodístico, de estilo y hasta intelectualmente hablando amparado en que es un artículo de Opinión, como si la opinión tuviese bula para las formas. ¿Cómo se puede ser tan simple? Y cito: “es estrafalario que juzguemos a un deportista no por sus reflejos debajo de la portería, sino por sus libertades encima de la cama” y se atreve a añadir que lo demás es demagogia, a propósito de todo ese lío de si los jugadores de fútbol van, han ido o irán de putas, el problema no es ir de putas sino lo que significa ir de putas, yo no juzgo la prostitución, abogo por legalizarla, pero sí la condeno, puede parecer contradictorio, pero no lo es. Mientras el mundo no esté dispuesto a prescindir de la prostitución tendremos que proteger a quien la ejerce.

El problema no son ellas sino los clientes.

Si a cualquiera de esos jugadores tan bien pagados les dijeran que para formar parte de un gran equipo o de una selección nacional tienen que chupársela al resto de compañeros o la directiva del equipo y dejarse dar por el culo un ratito antes de cada encuentro a lo mejor –por bien que les paguen– ya no les parecería tan interesante el concepto de libertad de mercado sexual, a lo mejor ya no justificarían que todo se puede comprar o vender.

En Boule de Suif, uno de los cuentos más sublimes que yo he leído, Guy de Maupassant da cuenta de ello, en su relato la única que se salva es ella, la protagonista, de nuevo una puta, una maittresse, capaz de sacrificarse por el bien común, Boule de Suif, una simple prostituta, nos da una lección de dignidad, la hipocresía es la de los otros, sus acompañantes, que representan a toda una sociedad que según las circunstancias primero hacen la vista gorda, incluso aceptan y se dejan agasajar por la prostituta que los acompaña para después despreciarla, en nombre de una moral cortada a su medida.

Cuando leí “Carta de una desconocida” de Stefan Zweig, una novelita deliciosa sobre el amor, o quizás sobre la idealización del amor y del ser amado, pensé que seguramente podría (o quizás ya lo habré hecho) haberme enamorado de esa manera tan delirante, pero lo único que no hubiese perdonado, a diferencia de ella, es descubrir que mi amor platónico se fuese de putas o que me tomara por una, no porque me considerara un ser mancillado o inferior (como ocurre en esta novela) que también, sino porque para mí el respeto a las personas es algo inalienable en mi manera de entender la vida.

Recordé un fragmento de La P… respetueuse de Sartre en el que la protagonista, ¡que sí! que han adivinado bien, es otra puta, llamada Lizzie, le dice a Fred (tirándole el dinero a la cara, cuando él la humilla ofreciéndole por los servicios realizados una suma de dinero miserable):

“Cochon toi-même! D’où sort-tu Paysan? Ta mère devait être une fière traînée, si elle ne t’a pas appris à respecter les femmes”.

(¡Cerdo tú! ¿De dónde sales pueblerino? ¡Tu madre debía ser una gran traidora si no te enseñó a respetar a las mujeres!).

Porque yo tengo claro que somos, sobre todo nosotras las madres, las mujeres, quienes debemos hacernos respetar como seres humanos que somos iguales a los hombres. Somos nosotras las que tenemos que romper con esa benevolencia hacia los puteros que con absoluta normalidad aparece en la Literatura desde los griegos hasta nuestros días y que no es otra cosa que un reflejo de una realidad existente.

A propósito de todo este lío de si prostitución sí, prostitución no, en un primer momento hasta había pensado en proponerles a esos futbolistas ese ejercicio tan naif de que pensaran que la puta que iban a follarse era su madre, su hermana, su abuela…, por si les entraban escrúpulos, claro que, es que, a algunos les pondría aún más, porque así es el mundo en el que vivimos. Lo vemos en las noticias a diario.

Tolstói, de nuevo en Sonata a Kreutzer dice:

“Lo mismo ocurre con la emancipación de la mujer. Lo que pasa es que la esclavitud de las mujeres sólo se debe al hecho de que la gente desea y considera muy bueno usarlas como instrumento de placer. Pero he aquí que liberan a las mujeres, les conceden todo tipo de derechos, iguales que los de los hombres, pero siguen mirándolas como un instrumento de placer; así las educan de pequeñas y así se lo inculca la opinión pública. De manera que sigue siendo una criatura humillada, una esclava pervertida, y el hombre sigue siendo el mismo amo pervertido”.

Claro que Tolstói, preso de su tiempo, considera la prostitución un pecado (tanto de quien la ejerce como de quien la recibe).

A diferencia de él, a mí me da igual si la prostitución es pecado, ni siquiera me interesa si es legal o no.

Me da igual que futbolistas, escritores, fontaneros, catedráticos, electricistas, deportistas… que cualquier hombre que se vaya de putas quede libre porque la prostitución no sea considerada un delito.

¡Y me importa un carajo lo buenos que sean en sus profesiones!

Porque yo no juzgo a un hombre por sus méritos laborales sino por su conducta cívica, por su ética.

Primo Levi cita en Los hundidos y los salvados  un poema de Christian Morgenstern titulado:

Unmögliche Tatsache (Realidad imposible), uno de sus versos dice:

“Nicht sein kann, was nicht sein darf”.
“(No pueden existir las cosas cuya existencia no es legal)”.

Tendremos que empezar a discernir lo real, de lo deseable, de lo legal, de lo ético. La prostitución falta a la Declaración de los Derechos Humanos y a sus artículos en especial al Artículo 4:

“Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas”.

¿Por qué…?  ¿qué es la prostitución sino una forma de esclavitud?

Seamos serios.

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