6·Paul Hornschemeier. Mis 3+3 en el último número de La Revista Lazarillo

Revista_Lazarillo

Por último, mi tercera elección es un cómic: Madre, vuelve a casa de Paul Hornschemeier, publicado por Ediciones Astiberri en 2005.

Es un cómic para adultos por el tema y su dureza, y no para todos, absténganse de nuevo estómagos delicados. Incluyo a los jóvenes, puesto que después de los catorce no distingo literatura joven o adulta.

MCH_sobrecubierta

Me he referido al él como cómic y no como novela gráfica de una manera intencionada. Recurro a otro cómic, una historieta de Daniel Clowes titulada Harry Naybors, crítico de cómics dentro del libro Ice Haven, publicada en Random House Mondadori en 2006 para explicar mis razones. En estas viñetas, el personaje, un crítico de cómics, reflexiona y dice en voz alta:

CLOWES_baja

Esta historieta explica muy bien porqué considero este género como un pilar de nuestra formación como lectores y los motivos de mi elección.

Madre, vuelve a casa, por su gráfica y su lenguaje, es el texto que más me ha dolido. No sé que se siente cuando te revuelven las entrañas, pero debe ser algo parecido a lo que experimenté al leerlo y he seguido experimentando en cada relectura.

No quisiera desvelar demasiado de esta obra, porque todo lo que pueda decir de ella podría mermar la capacidad del lector para percibir por sí mismo todos los pequeños matices que la componen. Una gráfica escueta, clara, pero llena a la vez de detalles, infantil por momentos, que nos desgarra precisamente por esa inocencia profanada. Un lenguaje medido, sobrio, cándido porque está contado desde un niño y refleja su mirada del mundo, pero que, al mismo tiempo, es un lenguaje muy incisivo, casi de adultos. Ese lenguaje se transforma en algo todavía mucho más escueto cuando aparece la voz del padre, quien va perdiéndose de manera progresiva en su propio laberinto.

Madre, vuelve a casa nos muestra la capacidad de un niño para escapar de determinadas situaciones y recrear su propio mundo. Es una máscara infantil (una máscara de león, que toma el simbolismo de las del gran ilustrador Saul Steinberg) la que lo protege de la realidad que lo rodea. Nos asoma al lado más oscuro de la locura. Habla del dolor, de la culpa y de lo que somos capaces de perdonar o no. La tentación de seguir escribiendo sobre esta obra es grande, pero debo contenerme para que sea el lector quien la descubra.

Es un texto generoso donde los haya.

Tras estas lecturas y tantas otras, yo, como escritora, me planteo si merece la pena escribir o si ya está todo dicho o hecho. Unos días lo veo blanco (la luz blanca reúne todos los colores) y otros negro (el negro como la ausencia de color), el silencio, y siempre huyo del gris.


 

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