Saul Steinberg

Tras un largo silencio, allá voy con unas notas sobre dos textos de Saul Steinberg.

Saul Steinberg, escritor (1914-1999)

Poco queda por decir de Steinberg tras la lectura de Reflejos y sombras.

Poco queda por decir de él tras leer La nota sobre el autor escrita por Vicente Ferrer al final de Reflejos y sombras.

Poco queda por decir de él tras leer las diecisiete postales de tema Steinberguiano entre Vicente Ferrer y Carlos Pérez.

Poco queda por decir de él tras leer los textos que le dedican Italo Calvino y Roland Barthes (los encontramos traducidos al castellano en el catálogo editado por el IVAM en 2002 a propósito de la primera muestra retrospectiva de su obra tras su muerte).

Poco queda por decir tras leer las cartas de Saul Steinberg a su amigo Aldo Buzzi.

O quizás, queda mucho por decir, pero no desde la crítica o la valoración de su obra y sus textos, sino como lectora.

Steinberg fue arquitecto de formación, dibujante de profesión y un genio por definición.

Encontramos en estos dos libros al Steinberg escritor.

Hace poco, un amigo me contó, entusiasmado, que  salían dos libros magníficos sobre Steinberg en Media Vaca (y que no eran una recopilación de obra gráfica sino escritos del propio artista). Hace unos años este mismo amigo me envió un dibujo en el que nos retrataba a un grupo de comensales alrededor de una mesa; por aquel entonces pensé que aquel dibujo tenía mucho de Steinberg. Aquel apunte hecho en una libreta, venía, además, acompañado de una frase:

“No hay que buscar los parecidos, sino las semejanzas”.

Al comenzar Cartas a Aldo Buzzi, recordé aquellas palabras que me han acompañado toda la lectura. Ahora sé que aquella frase era, también, muy Steinberguiana.

Y me he sorprendido encontrando semejanzas y me he sorprendido buscándolas.

El 3 de mayo de 1988 Steinbreg dice de su hermana:

“Echo cada vez más en falta a mi hermana Lica, por las cosas que descubro ahora sobre el pasado y de las que no puedo hablar con nadie. Cuánto conocimiento se pierde con cada vida. Esta es la razón más importante para escribir”.

Y me he sobrecogido pensando en mi hermana Lidia, que murió en 1986. Lo más asombroso de todo es que firmaba sus escritos como Lyca. (También lo hago yo, firmar como Lyca, es mi pequeño homenaje o mi eterna lucha contra el olvido, y escribir).

 

Sus reflexiones sobre Literatura me llegan de una manera especial, porque siempre tengo que andar justificándome por hallar en los libros emociones reales, que forman parte de mi vida cotidiana; no se trata de aislarse o buscar una vía de escape. No tiene que ver con eso, sino con algo que Steinberg aplica a los olores:

“De vez en cuando, ciertos olores que desde niño no he vuelto a sentir, regresan a mí. No a la nariz, como un olor propiamente dicho, sino al cerebro de la nariz; olores vagos y precisos al mismo tiempo: olor de otoño, de determinadas tiendas, el olor al principio del invierno, del inicio del frío […] Sentir de nuevo aquel olor me gusta mucho, pero no es posible volver a evocarlo con un esfuerzo de voluntad. Sin embargo, a veces sucede que de golpe, por alguna misteriosa razón, la memoria de este olor regresa a mí”.

Pues algo así es lo que me sucede con la lectura, una madeja de emociones conocidas o novedosas llegan a mí. Leer a Steinberg ha sido recrear miles de recuerdos que creía extraviados pero como él dice: “Nada se pierde de lo que está depositado en la memoria”.

Reencontrarme “con esas otras cosas que ahora parecen olvidadas”.

 

Vida y Literatura enredadas. Cada texto ocupa un lugar en la memoria que te lleva a otros lugares: el real de cuando hiciste esa lectura y el novelesco, el imaginado, que cobra la misma entidad de real que el primero. Esos personajes que se pasean por tu vida y que toman prestada de ella sus voces, sus movimientos, sus olores… Y cada texto desemboca en otro más y en otro y en otro… o en una conversación con alguien querido.

Vida y Literatura compartidas.

 

Dice Steinberg: “No se dibuja bien si se miente”.

No se escribe bien si se miente. Por eso Steinberg dibuja y escribe tan bien.

Vicente Ferrer, en su nota sobre el autor en Reflejos y sombras, explica que Steinberg y Hedda (la que fue su mujer durante muchos años y con quien mantuvo una relación de amistad hasta el final) “siempre evitaron la asimilación a grupos o tendencias artísticas determinadas, si bien es cierto que compartieron galería con los artistas conocidos como expresionistas abstractos o como la Escuela de Nueva York […]” Vicente dice de todos esos artistas:

“Todos vieron pasar las mismas nubes, pero quién puede asegurar que vieran en ellas las mismas cosas.”

Me da por pensar que aún habiendo leído los mismos libros, quién puede asegurar que…

 

Me interesa especialmente el lenguaje de Steinberg, sobre todo el de Cartas a Aldo Buzzi en el que se aprecia, gracias a la cuidada traducción de Carlos Gentile Vitale, el uso de palabros a mitad camino entre, al menos, tres lenguas. Pero sobre todo me entusiasma su síntesis, su concisión, que me recuerda al peculiar estilo de Imre Kertész.

 

Me gustan sus listas de cosas y sus postales.

 

Me impresiona el número de lecturas que comparto con Steinberg: las de los franceses que llegaron a mí cuando apenas tenía entre 18 y 21 años, que, a veces, pienso si no me quedaron grandes pese a haberlas disfrutado tanto y seguir disfrutándolas ahora desde otra perspectiva;  los rusos –algunos se revolverían en su tumba si me escuchasen meterlos a todos en el mismo saco– a los que dediqué gran parte de mis lecturas de los dos últimos años; la Literatura del horror judío en los campos y su dureza que te hace aprehender ciertas cosas.

Me enternece su acercamiento a los textos de Thomas Mann, porque me recuerda que no hice caso a mi padre y que aún tengo una lectura pendiente, quizás, supla la conversación que ya nunca podré tener con él.

Me conmueve haber leído los mismos textos de autores griegos, latinoamericanos, entre ellos Manuel Puig, que ya me han entrado ganas de releer, norteamericanos, algunos leídos y como Steinberg desechados y /o venerados…

 

Me estremece el peso del tiempo en los textos de Steinberg.

 

Me queda mi libreta llena de anotaciones, llena de lecturas pendientes…, llena de pensamientos e imágenes del Escritor y del Dibujante.

 

En fin, no quisiera arruinarles una feliz lectura, anticipándoles demasiado, termino recuperando una frase que Steinberg le dedica a otro autor y que yo retomo ahora para con él.

“Estar de acuerdo con un hombre inteligente restaura la normalidad”.

 

Solo me queda agradecer a La Editorial Media Vaca, la magnífica edición de estos dos libros, esenciales ya en mi vida y espero que en la de todos ustedes.

 

Reflejos y sombras

Saul Steinberg / Aldo Buzzi

Editorial Media Vaca, Valencia, 2012

Reflejosysombras

Cartas a Aldo Buzzi, 1945-1999

Saul Steinberg

Editorial Media Vaca, Valencia, 2012

Cartas

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