¿Por qué leen?

Escuela Abierta: sobre animación a la lectura

El CRA de Sta. Lucía, con alumnos de Alocén, Alcocer, Budia, Pareja, El Olivar, Salmerón, Yélamos de Arriba y Yélamos de Abajo (municipios de la provincia de Guadalajara), publica una revista escolar titulada Escuela Abierta.

Este mes de marzo a Pep Bruno, a César Bona y a mí nos pidieron un artículo sobre animar a leer.

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No obstante os dejo mi artículo.

¿Porqué leen?

Animar a leer, ser animadora de la lectura

Siempre que escucho esa frase me imagino, no en medio de una cancha de baloncesto sino en medio de una biblioteca, con un par de libros en las manos, como si de pompones se trataran, alzándolos arriba abajo, a la derecha, a la izquierda… en un intento inútil de animar a no sé qué.

Porque dar recetas universales me parece igual de inútil que contorsionarme con libros en las manos, que es en el fondo una metáfora de lo que acabamos haciendo con ellos, mostrarlos, pero sin adentramos en ellos.

Animar a leer no es tarea fácil. Porque, en realidad, consiste en contagiar tu pasión por los libros a otros y si la lectura no te apasiona difícilmente podrás convertir a nadie.

La lectura es conversar, convertir, convertirse, enredarse, amar, compartir un mundo con unos personajes que se pasean por tu vida y que toman prestada de ella sus voces, sus movimientos, sus olores, tu realidad y la transforman.

Cada texto ocupa un lugar en la memoria que te lleva a otros lugares: el real de cuando hiciste esa lectura y el novelesco, el imaginado, que cobra la misma entidad de real que el primero.

Y para lograr que alguien se aficione a leer necesitamos varios ingredientes: soledad (que podría darse en el aula sin ningún problema), aburrimiento y silencio; además de historias interesantes que nos ayuden a querer cruzar una y otra vez a esos otros mundos; y entrega, mucha entrega y esfuerzo.

Necesitamos crear un espacio, no físico, pero sí real para la lectura.

Necesitamos conocer los intereses del niño o la niña, del adolescente o del adulto a quien queramos contagiar la pasión por la lectura.

Mi experiencia personal, que va de lo profesional a lo personal (es decir apliqué en mi casa lo que me funcionaba fuera) y viceversa (apliqué en mi labor profesional lo que aprendí de mi experiencia personal) me ha llevado a creer que los niños o los adolescentes o los adultos leen por varias razones.

Una de ellas porque sus padres, sus maestros…, su entorno lee, pero no es la principal.

Leen porque hubo alguien que los alimentó con historias que despertaban su curiosidad, a veces eran historias contadas, otras leídas en voz alta, otras eran historias que había que mirar, libros en los que la ilustración era tan necesaria que contaba (en el sentido de tener igual valor) lo mismo que las palabras, pero mostraba otras cosas.

Leen porque hubo alguien que siguió leyendo con ellos incluso cuando ya sabían leer, leen porque no les robaron ese momento mágico de compartir una lectura.

Leen porque necesitaban saber más de esa historia que en cierta ocasión alguien les comenzó a leer.

Pero hay más razones:

Leen porque le ganaron la partida a la tecnología y le dieron a cada elemento su tiempo.

Cuando a la televisión (esa que algunos pensamos que habría que haberla tirado por la ventana, aunque no lo hicimos) se sumaron diferentes consolas, además de ordenadores con sus juegos que son verdaderos atrapa voluntades y llegaron los móviles y las tabletas digitales hubo que limitar los tiempos y elegir, esa fue una norma primordial e ineludible: nunca dar opción a poner la televisión u otras máquinas porque sí, sino que hay que elegir lo que se quiere hacer porque se tiene un tiempo limitado para ello.

Y se lee la suma de los tiempos que dedicas a la tecnología o no hay tecnología. Y el resto del tiempo se dedica a jugar (sin máquinas), pintar, construir…

Nunca hay que plantearlo como un castigo sino como una norma de obligado cumplimiento, igual que sentarse todos juntos a comer y conversar. Si desde el principio es así, no se ve como una imposición sino que forma parte del orden normal de las cosas y no se tiene que decir nunca aquello de: –¡Apaga el ordenador y ponte a leer!, en todo caso se dirá: –Apaga el ordenador, la consola, la tablet…, pero nada más, porque si hay espacio para el aburrimiento, hay espacio para leer, para jugar, para crear.

Leen porque entendieron que el mundo en el que vivimos es una constante lucha contra la facilidad tecnológica y no importa la edad que se tenga, pero han descubierto que merece la pena intentarlo.

Todo esto como teoría está muy bien, pero en estos tiempos tecnológicos no es suficiente, puede ocurrir que quizás no funcione, porque per se nadie va a querer leer, porque hoy en día todo el alimento que precisamos, toda la avidez de historias que tenemos los puede nutrir el cine y los videos por sí solos, nunca será lo mismo, pero quien no lee no lo sabe y no tiene esa necesidad porque las historias le llegan por otros medios. Hoy en día es muy complicado que renuncien a la facilidad de las imágenes frente a la lectura que es una tarea ardua y que requiere un gran esfuerzo sobre todo en los inicios.

Leen porque alguien supo crear un camino de ida y vuelta entre los libros y el cine.

Leen porque alguien fue capaz de sumar ese elemento:

El gusto por el cine y las series tanto en los más pequeños como en los mayores.

Leen porque alguien buscó y encontró los libros de las series de dibujos animados que más les gustaban e hizo posible que siempre estuvieran presentes.

Leen porque durante mucho tiempo alguien les propuso ver y leer una selección de textos y películas con gran calidad literaria y cinematográfica que sabía que funcionaban. Desde los de Barrio Sésamo, o los de Juan y Tolola de Laurend Child o Los Barbapapás, por poner algún ejemplo.

Leen porque un día hubo alguien que les mostró que esos dibujos, esas series o esas películas que les entusiasman partían de un libro, que en muchas ocasiones contaba mucho más.

Leen porque alguien buscó el lugar exacto de la trama en el que se habían quedado viendo una película o serie cortada al azar (o con premeditación) y descubrieron que el libro contaba mucho más que su adaptación cinematográfica.

Leen porque durante mucho tiempo alguien les leyó en voz alta libros que en ese momento eran complicados para ellos (por ejemplo para edades comprendidas entre los 9 y 11 años lecturas como: “Viaje al centro de la tierra”, “Capitanes intrépidos”….).

Leen porque al terminar la lectura alguien les mostró diferentes adaptaciones cinematográficas de esos libros que complementaron esas narraciones.

Leen porque alguien alimentó su imaginario y no dejó que sólo Disney u otras superproducciones alimentaran en solitario la mirada artística de nuestros adolescentes, niños y adultos.

Leen porque alguien quiso acompañarlos en este maravilloso viaje.

Paula Carbonell (Lyca)

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